Aun pudiendo dividir la sociedad en varios grupos utilizando según que factores, lo cierto es que en general, la masa actúal de población está profundamente individualizada. Continuamos disfrutando de ser partícipes de una colectividad pero cada vez más, vivimos el mundo de una manera interior e individual, reduciendo las experiencias colectivas a acontecimientos deportivos y a fiestas populares.
Para aquellos que no lo sepan, en la Antigua Grecia se le llamaba Catarsis al efecto de purificación colectiva que la tragedia producía en los espectadores. Esta purificación se produce por la identificación del público con el personaje de la tragedia, y por el temor y compasión que produce el final del héroe. El espectador al identificarse, siente el trágico destino del personaje como propio, y se compadece y teme por los demás y por él mismo. Y la colectividad se purga, se une y se fortifica a través de esta experiencia.
El teatro ha sido parte fundamental de todas las culturas occidentales, bien es cierto que de maneras muy distintas según el periodo histórico. Hasta bien entrado el siglo XX, y desde el siglo XVI, el teatro fue el entretenimiento favorito de la sociedad. De ahí el eterno debate entre educar o divertir. Pero ¿qué pasa a partir del siglo XX? Aparece la llamada sociedad de masas. La llegada del futbol y del cine sustituye progresivamente el lugar de la sociedad que hasta ese momento había ocupado el teatro. Simplificándolo mucho, a partir de ahí llegamos al momento actúal, en el que primero la televisión y después internet han transformado la manera que tenemos de socializarnos, y han individualizado la sociedad cada vez más. Hasta el punto en que no podemos afirmar que el teatro, aunque sigue siendo pasión para muchos de nosotros, a día de hoy tenga algún tipo de repercusión social.
¿Y qué pasa con la catarsis? El fútbol (deporte de masas por excelencia) es una experiencia colectiva distinta, en la que la colectividad vive otra serie de emociones. Y las fiestas populares y/o religiosas cumplen el papel de identificación de la colectividad con las raices culturales, pero no suplen el papel social del hecho teatral. El cine, por otro lado, sustituye plenamente al teatro en su función social, al menos al principio, cuando la actitud del público es la misma delante del cine y del teatro. Pero en la actualidad, sin embargo, afrontamos la vivencia del cine como una experiencia individual e interior, casi íntima, y la reducción de espectadores en las salas de cine corrobora esto.
Sea por utilizar otros medios o sea por una cuestión de actitud, el cine está dejando de ser una experiencia colectiva, al menos físicamente. Si la sociedad actual tiende cada vez más al aislamiento del individuo y la catarsis es una experiencia colectiva, ¿significa esto el fin de la catarsis? ¿puede haber catarsis en la era de las nuevas tecnologías? Es algo que no dejo de preguntarme.
Sea por utilizar otros medios o sea por una cuestión de actitud, el cine está dejando de ser una experiencia colectiva, al menos físicamente. Si la sociedad actual tiende cada vez más al aislamiento del individuo y la catarsis es una experiencia colectiva, ¿significa esto el fin de la catarsis? ¿puede haber catarsis en la era de las nuevas tecnologías? Es algo que no dejo de preguntarme.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada