dijous, 19 d’abril del 2012

Regresé a aquellos sofás vueltos del revés, con esa gorra puesta y el gato maullando. Me encontré, allí sentado. Ya no me acordaba de mí. De mí sin ti. Me costó reconocerme. Y me acordé de las carreteras doradas de trigo. De antes de que llegaras... Pasé por la plaza y te vi allí sentado, esperándome, con los macarrones enfriándose y yo sin llegar. Era otro tiempo y estábamos sedientos. Me encontré, sí, caminando por la cuneta esperando a que vinieras. Pero ya habías pasado, veloz, casi sin verte... Miro el puente que no está, tampoco yo. Algo se quedó con tu ausencia, muriéndose, allá lejos... Todavía me alcanza cuando me descuido.

dimecres, 18 d’abril del 2012

Pensar es estar enfermo de los ojos

Alberto Caeiro es el heterónimo que Pessoa consideró superior al resto y a su propio ortónimo, por no estar dominado por la Angustia. Es conocido como el inconsciente consciente, por ser capaz de apartar el pensamiento para observar el mundo únicamente con los sentidos siendo consciente de ello.

Mi mirada es nítida como un girasol.
Tengo la costumbre de ir por los caminos
mirando a la derecha y a la izquierda,
y de vez en cuando mirando para atrás...
Y lo que veo a cada instante
es lo que nunca había visto antes,
y me doy cuenta muy bien de ello...
Sé sentir el pasmo esencial
que siente un niño si, al nacer,
de veras reparase en que nacía...
Me siento nacido a cada instante
a la eterna novedad del Mundo...

Creo en el mundo como en una margarita
porque lo veo, pero no pienso en él
porque pensar es no comprender...
El mundo no se ha hecho para que pensemos en él
(pensar es estar enfermo de los ojos),
sino para que lo miremos y estemos de acuerdo...

Yo no tengo filosofía: tengo sentidos...
Si hablo de la naturaleza, no es porque sepa lo que es,
sino porque la amo, y la amo por eso,
porque quien ama nunca sabe lo que ama
ni sabe por qué ama, ni lo que es amar.

Amar es la eterna inocencia
y la única inocencia es no pensar.

Alberto Caeiro (Fernando Pessoa). O Guardador de Rebanhos.